El primero de Mayo fue, durante muchas décadas, una fecha de reivindicación y de lucha en la que los trabajadores salían a la calle con afán de reafirmarse como clase y luchar por sus derechos. Hoy, de manos de los sindicatos mayoritarios, el 1º de Mayo se ha convertido en una triste romería vacía de contenido. Oyendo a los dirigentes de los grandes sindicatos CCOO y UGt parece ser que hoy en día los trabajadores ya han llegado al tope de sus rivindicaciones y que ya no hace falta protestar, si no que hay que dar gracias por tener lo “mucho” que hemos logrado… Pero ¿qué tenemos realmente?
Me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿alguien conoce, en su entorno, a una sola persona que no sufra, de una u otra forma, abusos en su puesto de trabajo? Yo, por mi parte no conozco a una sola persona que no tenga problemas en su trabajo. Lo triste no es eso, lo triste es que la inmensa mayoría ya lo asumen como algo natural e inevitable, como un mal menor que hay que aceptar resignadamente. ¿Qué proceso nos ha llevado a asumir tan facilmente la derrota y la sumisión ante la injusticia?
Ya desde la escuela se nos inculca que vamos a tener un futuro laboral precario. Se nos adoctrina en la derrota. No se hace de una forma explicita pero si se nos “desliza” que vamos a tener que pasar “unos años” trabajanado gratis o en condiciones muy precarias hasta encontrar un trabajo decente (teoricamente). En la universidad esa tendencia se agudiza. Ahí ya se nos forma para ser precarios, por mucho que se suponga que debemos salir bien preparados para trabajar. Luego somos la carne de cañon de las “prácticas” y demás milongas que sólo sirven para que determinadas empresas cuadren sus cuentas, aunque los trabajadores en prácticas realicen la misma labor que los demás (que, a su vez, también son explotados). Nadie, o casi nadie protesta.
Lo curioso es que, por la otra parte (la del estado) no ocurre lo mismo. Cualquier vulneración de nuestras obligaciones se paga caro. Hay todo un monstruoso sistema de control que nos sirve para que cada ciudadano cumpla con sus deberes de forma inexcusable pero el estado se pasa por el forro los derechos de los ciudadanos. Nadie vela porque en mi trabajo no me exploten pero sí lo hacen para que no conduzca bebido, para que pague mis impuestos, para que no falte al trabajo, etc…. ¿NUESTROS DERECHOS SON SOLO TEORIA PERO NUESTROS DEBERES NO? ¿qué está pasando?.
Sabemos, porque TODOS LO SABEMOS, que los sindicatos firman unos convenios cada vez más raquiticos y que, encima, esos convenios nunca se cumplen. Sabemos que los sindicatos CONOCEN las causas de las altas cotas de siniestralidad en determinados sectores (construcción) pero que no mueven un músculo para evitarlo (tienen la poca vergüenza de “denunciar” la situación). ¿Será porque si se acaba con los destajos, las subcontratas, etc. se “molestaría” a los señores constructores, an su afán de construir más y más viviendas cada vez más caras?
La cosa no para aquí. Tras ese lenguaje tan supuestamente inocuo que habla de “competitividad” de la economía, de “flexibilidad” del mercado del trabajo, etc. se esconde una creciente precarización de nuestra situación. Cada vez será más barato echar a un trabajador y por lo tanto la precariedad será mayor. Esta moderna UE se sustentará en la pérdida de derechos de millones de trabajadores, que veremos cómo nuestro futuro estará en manos de las empresas, tan “humanas” ellas. La incertdumbre crece pero todo se tapa, todo se esconde, hasta que todo se vaya a la mierda.
Señores de CC.OO. y UGT: ¿de verdad no hay nada por lo que preocuparse?



